lunes, 22 de agosto de 2016

El poder Absoluto del Rey

En clase estuvimos hablando de cómo era el gobierno durante el Antiguo Régimen y vimos que se denomina MONARQUÍA ABSOLUTA, porque el rey concentraba poderes que antes poseían otros actores sociales. Les dejo el texto que trabajamos en clase.

El poder absoluto del Rey:
Después de la crisis del siglo XIV, los reyes de algunos países europeos fortalecieron enormemente su poder. Contaron con el apoyo económico, social y político de la burguesía y con el deterioro de buena parte de la nobleza.
Los contemporáneos dieron el nombre de ABSOLUTO al poder de los reyes. Lentamente se fueron convirtiendo en los JEFES DEL EJÉRCITO, desplazando de este rol a la nobleza. Su mayor peso en la vida del reino les dio la posibilidad de REDACTAR LAS LEYES sobre todos los súbditos. (Antes cada señor hacía las leyes dentro de su dominio).
JEFE DEL EJÉRCITO y LEGISLADOR SUPREMO, el rey se transformó en la cabeza de toda administración, que en la época abarcaba diversas funciones: cobro de impuestos, administración de justicia y tareas puramente administración (documentación, envío de órdenes e informes, correspondencia, etc.)  Finalmente adquirió también la potestad de supervisar la actividad de la Iglesia dentro del reino.
Esta autoridad del rey se extendía incluso a la vida y los bienes de sus súbditos. Bastaba una palabra suya para que un súbdito fuera apresado, ejecutado o deportado.
Para algunos teóricos de la época, el poder del Rey provenía de Dios, y sólo a él le debían explicaciones (a diferencia de la Edad Media, en que los reyes solían dar informes a la nobleza sobre el gobierno). Para Bossuet (1627-1704), no había dudas sobre este punto…
La máxima potestad viene de Dios. El príncipe, dice San Pedro, es ministro de Dios. Los príncipes actúan, pues, como ministros de Dios y como sus lugartenientes sobre la tierra. Es a través de ellos que Dios ejerce su imperio. Es por ello que el trono real no es el trono de un hombre sino el trono de Dios mismo.

       Se deduce de todo esto que la persona de los reyes es sagrada, y atentar contra ellos es un sacrilegio. Se debe obedecer al principio de religión y de conciencia.


Luis XIV, del artista Hyacinthe Rigaud. 1701



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